Volver a Malawi
Elisalex Löwenstein regresó en junio a Malawi para reencontrarse con algunos de los colegios que forman parte de Mary's Meals y conocer de cerca cómo una comida diaria en la escuela puede marcar la diferencia en la vida de los niños.
Elisalex Löwenstein conoció Mary's Meals durante una peregrinación a Medjugorje y quedó profundamente impresionada por la labor de la organización. Aquella experiencia la inspiró a dar un paso más y, en 2014, impulsó la creación de la sede de Mary's Meals en España. Desde entonces y hasta abril de 2026, estuvo al frente de la fundación como presidenta.
El pasado mes de junio regresó a Malawi, país que ya había visitado en 2019, para reencontrarse con algunos de los colegios que forman parte de nuestro programa y comprobar, una vez más, cómo una comida diaria en la escuela puede marcar la diferencia en la vida de los niños que viven en situación de pobreza.
Pregunta: ¿Qué diferencias encontraste entre tu viaje de 2019 y esta última visita a Malawi?
Elisalex: Bueno, ves que algunos colegios tienen muchos más niños que antes. También hay escuelas que han mejorado muchísimo y donde la enseñanza ha avanzado. Se nota que los alumnos alcanzan un nivel más alto. También ves que son muy disciplinados, especialmente los más pequeños. Con la cantidad de alumnos que hay por clase, impresiona ver cómo los profesores consiguen mantener el orden. La mayoría de los colegios que visitamos son públicos y aceptan a niños sin uniforme, porque muchas familias ni siquiera pueden permitirse comprar la tela para hacerlo.
Pregunta: ¿Qué impacto has visto que tiene Mary's Meals en la vida de estos niños y sus comunidades?
Elisalex: Lo que ves es una pobreza muy profunda. Pero, al menos, saber que esos niños reciben una comida al día significa que están mejor alimentados y, por tanto, se ponen menos enfermos. Eso también aumenta sus posibilidades de seguir estudiando y de tener un futuro mejor. Hemos conocido a muchos jóvenes que pasaron por colegios donde Mary's Meals sirve comidas y que han conseguido continuar sus estudios, llegar a la educación secundaria o encontrar un trabajo.
De hecho, en este viaje incluso nos pararon por la calle para darnos las gracias. Al ver el coche de Mary's Meals nos saludaban y nos decían: "¡Muchas gracias!". En Malawi conocen muy bien a Mary's Meals y eso demuestra el impacto que tiene nuestro trabajo.
Pregunta: ¿Hubo algún colegio que recuerdes con especial cariño?
Elisalex: Sí, recuerdo especialmente un parvulario, el más antiguo que visitamos. Hay muy pocos centros de educación infantil en Malawi y este pertenece a una parroquia católica. Allí conocimos a una profesora voluntaria que lleva más de quince años enseñando a los niños. Me impresionó muchísimo su forma de dar clase. Con recursos muy sencillos consigue que los niños aprendan de una manera muy didáctica. Por ejemplo, utiliza pequeñas botellas de agua: una representa el cero, otra lleva una piedrecita para representar el uno, otra dos... Los niños pueden verlas, agitarlas y escuchar cómo suenan para aprender los números. Piensas que estás en un barrio de una pobreza extrema y, sin embargo, ves cómo esa profesora hace un trabajo extraordinario con muy pocos medios. Lleva allí desde que yo empecé a viajar a Malawi y sigue enseñando con la misma ilusión.
Pregunta: También visitasteis el colegio Jacaranda. ¿Qué tiene de especial?
Elisalex: Jacaranda es otro mundo. Allí ves que, cuando hay espíritu emprendedor, capacidad de sacrificio y mucha dedicación, se pueden conseguir cosas maravillosas. Es un colegio donde el arte y la música tienen un papel muy importante. Todos los alumnos son huérfanos. Han vivido situaciones muy duras y la mayoría vive con sus abuelos o con otros familiares que apenas pueden hacerse cargo de ellos. Por eso el colegio no solo les ofrece educación, sino también un entorno seguro y estable.
La fundadora explica que muchos de estos niños apenas reciben atención o cariño en casa, no porque sus familiares no quieran, sino porque viven en una situación extremadamente difícil. Por eso en Jacaranda ponen tanto esfuerzo en ofrecerles una educación completa, con disciplina, pero también con cercanía y alegría. Además de las clases, cuentan con una biblioteca, un taller donde aprenden a reparar ropa y distintos programas de formación profesional. Hay carpintería para chicas, costura, peluquería y talleres de artesanía para que, cuando sean mayores, puedan montar su propio negocio y ganarse la vida.
El mejor ejemplo de todo esto es Lettie. Llegó al colegio con 15 años después de haber pasado años sin estudiar. Había trabajado desde muy pequeña y había vivido situaciones familiares muy difíciles. Al principio algunos pensaban que no podría seguir el ritmo académico, pero decidieron darle una oportunidad. Hoy es una joven preparada y es el reflejo del impacto que puede tener una educación cuando alguien cree en ti.
Pregunta: ¿Qué fue lo que más te sorprendió de Lettie?
Elisalex: Todo. Tengo una foto de cuando la aceptaron en el colegio. Era una niña muy tímida, que apenas respondía con dos o tres palabras en inglés. Sin embargo, a pesar de todas las dificultades que había vivido, había conseguido aprender lo básico. Había ido al colegio de su barrio y se había esforzado muchísimo. Eso demuestra que, cuando los niños tienen ganas de aprender y la oportunidad de hacerlo, avanzan, aunque partan de una situación muy difícil. Pero lo que más me sorprendió de Lettie fue su actitud. Y, en realidad, es algo que ves en muchos niños y jóvenes de Malawi. A pesar de todo lo que han vivido, transmiten una alegría constante. No viven instalados en la queja, sino que afrontan la vida con una fuerza y una ilusión que impresionan.
Pregunta: ¿Qué es lo que más te impresionó de las voluntarias?
Elisalex: Lo que más me impresionó fue su entrega. Trabajan muchísimo y siempre con una enorme alegría. De hecho, llamarlas "voluntarias" casi se queda corto, porque en realidad son madres, abuelas o tías que sienten que cuidar de los niños es parte de su responsabilidad con la comunidad. Dejan a un lado su propio trabajo para cocinar en los colegios. Dependiendo de cada comunidad, algunas colaboran un día a la semana y otras uno o dos días al mes, pero todas asumen ese compromiso con ilusión. Recuerdo especialmente a una madre muy joven que me dijo: "Yo quiero que mi hija tenga una vida mejor que la mía".
En los colegios públicos, además, ponen mucho empeño en que estudien tanto niños como niñas. Siempre nos daban el número de alumnos y alumnas, porque para ellos es muy importante demostrar que las niñas también tienen acceso a la educación. O sea, que tienes esperanza que Malawi va a cambiar poco a poco y que las cosas van a seguir mejorando. Desde luego, porque cada vez hay más personas que tienen la oportunidad de aprender y de empezar a hacer las cosas de otra manera. Si sabes leer, si aprendes nuevas formas de cultivar o simplemente entiendes mejor cómo salir adelante, poco a poco puedes ir construyendo un futuro mejor.
Pregunta: ¿Qué te gustaría que aprendieran quienes siguen a Mary's Meals?
Elisalex: Creo que es importantísimo recordarnos siempre que nosotros vivimos en un mundo muy privilegiado. Tenemos de sobra de todo. Y, sin embargo, hay otro mundo que no está tan lejos. Hay niños que son igual que nuestros niños y que necesitan de todo. También conocimos a una abuela de 62 años que estaba criando sola a su nieto. Nos enseñó su pequeña cosecha de guisantes y, aun teniendo tan poco, insistió en regalarnos un saco. Nos decía que hacía todo lo posible para que su nieto tuviera algo que comer por las noches y los fines de semana, aunque eso significara que ella misma dejara de comer algunas veces.
Eso te hace darte cuenta de la enorme fortaleza que tienen estas familias. Ves niños con un talento increíble, personas con ganas de salir adelante y comunidades enteras que trabajan unidas para ofrecer un futuro mejor a sus hijos. Por eso creo que es tan importante seguir apoyando a Mary's Meals. Porque una comida en la escuela no solo alimenta a un niño, también le da la oportunidad de aprender, de crecer y de construir un futuro diferente.