Una historia de supervivencia en Haití
Elena, de 11 años, y su tía Estimène tuvieron que huir de su hogar en Puerto Príncipe, mientras grupos armados incendiaban viviendas y mataban a civiles. Desde entonces, viven entre el desplazamiento y el hambre, sin dejar de aferrarse a la esperanza.
Elena vive con su tía, Estimène, en Mirebalais, una ciudad de la región de la Meseta Central de Haití. Cuando las pandillas, que ahora controlan el 90% de la capital, empezaron a matar a personas y a incendiar casas en la ciudad, los padres de Elena tomaron la difícil decisión de enviar a la niña de 11 años y a Estimène a vivir con amigos de la familia en Mirebalais.
No son las únicas cuyas vidas se han visto trastocadas. Más de 1,4 millones de personas han sido desplazadas internamente en Haití debido al aumento de la violencia de las pandillas armadas, y 5,7 millones (más de la mitad de la población) sufren actualmente inseguridad alimentaria aguda.
La violencia y la inestabilidad también se han extendido más allá de la capital hacia zonas que antes se consideraban seguras, como Mirebalais, lo que añade aún más presión e incertidumbre a la situación de Elena y Estimène. Esta es su historia.
¿Cómo ha afectado a tu vida y a la de tu familia la inseguridad provocada por la violencia de las pandillas en Haití?
Estimène: Cuando las bandas atacaron, me vi obligada a abandonar mi hogar con dos niños pequeños. Tuvimos que ir hacia la Meseta Central porque ya no podíamos vivir allí. A cualquier lugar al que voy, los llevo conmigo porque su madre me confió su cuidado.
Elena: La violencia de las pandillas ha afectado mi vida y la de mi familia porque están matando personas e incendiando casas. Una gran parte de mi familia vive en Puerto Príncipe. Si los matan, no podré ir a su funeral. Mi tía tiene familia aquí, en la Meseta Central y por eso vino con nosotros.
Donde yo vivía antes, en Martissant [un barrio de Puerto Príncipe] están quemando casas. Mi familia y yo dejamos la casa en la que vivíamos porque algunas personas malas la incendiaron. Los grupos armados disparaban y no podíamos conseguir suficiente comida ni agua. Tengo un primo que fue obligado a unirse a una pandilla. Mi tía habló con él y le dijo que no lo hiciera. Él le respondió que no podía quedarse todo el día en casa.
Echo mucho de menos la antigua casa de mi madre porque allí jugábamos mi hermana y yo, y ahora está quemada. Ella tenía un pequeño negocio, pero ya no puede vender nada debido a todos estos problemas.
Estimène: No fue fácil porque perdí a mi esposo en 2001 y ahora las pandillas nos obligan a huir. Y cuando escuché que Mirebalais había sido tomada por las pandillas, me quedé muy impactada. Me pregunté: “¿A dónde iré ahora si tengo que huir?"
¿Por qué es importante para ti recibir comida de Mary’s Meals en la escuela?
Elena: Algunos niños no llegan a la escuela con comida y tampoco comen en casa por la mañana antes de ir. La comida es importante para los niños. Es importante seguir yendo a la escuela porque en el futuro puedo llegar a ser alguien importante en la sociedad, como una doctora o una enfermera.
Estimène: Pensando en el futuro de los niños, quiero que progresen académicamente. Su educación es importante para mí. Pase lo que pase, siempre los enviaré a la escuela, porque creo firmemente en la educación.
¿Qué es lo que más te preocupa sobre tu futuro en Haití?
Elena: Lo que me da miedo es que algunos miembros de mi familia están en Puerto Príncipe, incluido mi padre. Si las carreteras están bloqueadas, no pueden volver a verme, porque hay muchos lugares peligrosos.
Si mi madre muere, no recibiré lo que ella solía darme. Si estas dos personas importantes en mi vida mueren, no podré ir a la escuela.
Los niños de Haití se están quedando sin opciones. Con hambre y rodeados de violencia, muchos están siendo reclutados por grupos armados, atraídos por la promesa de poder comer.
Las comidas escolares son un salvavidas y una donación de tan solo 22 € puede ayudar a seguir proporcionando nutrición esencial a los niños en un espacio seguro donde aprender. Juntos, comida a comida, podemos devolverles la confianza en que una vida más allá del caos es posible.