¡Ojalá todo pueda cambiar en Madagascar!

Magunus, nuestro fundador, ha viajado a Madagascar, donde ha visitado una de las comunidades que todavía están esperando a que Mary´s Meals lleve sus comidas diarias.

Era un día no lectivo, pero el patio del colegio estaba repleto de niños.

Cuando se enteraron de que veníamos, los padres se apretujaron en una de las aulas, abandonando sus campos de arroz en el momento más crucial de la cosecha. Comenzamos a ofrecer alimento en Madagascar el año pasado, pero a este colegio todavía no han podido llegar las comidas diarias de Mary´s Meals.

Había un extraño silencio al principio, cuando nos reunimos con los padres para escuchar sus puntos de vista. Agricultores con las manos encallecidas, que llevaban gruesos jerseys y sombreros, estaban sentados tras los pupitres de sus hijos. Les invitamos a que nos contaran su situación. El silencio fue roto de repente por una mujer que llevaba un sombrero rojo.

"No debemos sentir vergüenza de hablar de ello," comenzó a decir pausadamente. "Yo misma me esfuerzo mucho para alimentar a mis hijos. Algunos días, cuando me sale algún trabajo remunerado fuera de casa, tengo que sacarles del colegio para que me hagan las labores del campo durante mi ausencia. Yo sé que esto no es bueno para ellos."

Su coraje abrió las bocas de los demás. Uno tras otro, los padres se pusieron de pie y hablaron. Explicaron que el arroz que estaban recogiendo sólo sirve para alimentar a sus familias durante tres meses; algunos de sus hijos tienen que cruzar ríos peligrosos cada mañana para ir al colegio; el gobierno no ha pagado a los profesores durante seis meses y, para compensarles, los padres les habían dado raciones de arroz; diez niños han abandonado la escuela por causa del hambre y muchos otros no asisten en absoluto al colegio."

Las duras historias y su determinación para superarlas fueron únicamente interrumpidas por uno de los padres que dijo: "¡ya lo estáis viendo! Por eso estamos tan delgados!"

Cuando estalló la risa, comenzaron a preguntar en serio si podríamos ayudarles a alimentar a sus hijos. Se comprometieron a cocinar y a servir las comidas ellos mismos si nosotros podíamos proporcionarles los sacos de alimento.Esto cambiaría todo en sus vidas, nos dijeron.

El colegio se llama Ambohipo, en las exhuberantes montañas de Madagascar. Los 192 alumnos que van a ese colegio, incluídos los más pequeños de guardería, están esperando a que les digamos "sí, podemos empezar a llevaros la comida ya". Están esperando el día en el que el hambre deje de roer sus estómagos, esperando el día feliz.

Juntos podemos transformar las vidas de los niños de este colegio y de todo Madagascar. Tu donativo de esperanza y alegría ayuda a que estos niños que padecen hambre severa tengan un buen día y un futuro más brillante lleno de oportunidades para salir de la pobreza.

Back to all stories | Posted on 27 August 19