Del hambre a la felicidad: descubre la diferencia que hace una comida diaria a niños como Felipe en Malawi.

Se puede ver claramente que Felipe, de 8 años, ha sufrido malnutrición en el pasado. Es muy pequeño para su edad.

Pero hoy, gracias a la comida nutritiva diaria que recibe en la escuela, Felipe tiene una energía sin límites, una enorme sonrisa y grandes planes para el futuro.

“Cuando termine el colegio, quiero ser guarda de seguridad,” sonríe. “Estoy más sano porque puedo comer el potaje "Phala" que me ayuda a trabajar duro en clase".

Felipe vive con sus abuelos en una casa tradicional de abobe con un techo de paja. Su casa está inmaculada. Felipe explica con orgulo que su trabajo es barrer la casa y el jardín y mantener la área limpia.

Como la mayoría de las familias en esta parte de Malawi, los abuelos de Felipe cultivan lo que pueden en un pequeño pedazo de tierra. Nunca es suficiente y se ganan la vida trabajando en los campos de otras personas.

Los padres de Felipe se mudaron a la ciudad en busca de trabajo, pero vuelven a visitarle cuando pueden.

Mientras sus abuelos trabajan arduamente, Felipe ayuda con las tareas del hogar. Se despierta mucho antes de que salga el sol para barrer y buscar agua antes de ir a la escuela. Él no come antes de salir de casa.

Las mañanas pueden ser frías en Malawi así que la humeante taza de gachas, servida cuando los niños llegan a la escuela, les reconforta mucho y les ayuda a entrar en calor y a alimentarse antes de que empiecen las clases.

"La escuela es importante porque puedo volverme inteligente", dice Felipe. "Me gusta venir temprano a la escuela para poder conseguir comida. El phala me calienta. Mis calificaciones han mejorado debido al phala ".

Cuando llega a casa todas las noches, Felipe enciende un fuego y calienta agua para preparar la cena para la familia. Luego hace sus deberes y encuentra tiempo para jugar al fútbol con sus amigos antes de acostarse. Es un día largo y ocupado para un niño tan joven, pero la comida que Mary's Meals le proporciona todos los días escolares le da energía para aprender y jugar.

La abuela de Felipe, Stella, una voluntaria de Mary's Meals, ha notado una gran diferencia en la comunidad, gracias a la alimentación escolar.

"He visto una gran mejora en los niños", nos dice. "Se ven saludables y ya no están desnutridos".