Marzo 30, 2020

Queridos colaboradores:

 La semana pasada aquí en Escocia, a pesar de la repentina llegada de la primavera, me sentía muy bajo de ánimo. Una serie de noticias informaban del cierre de escuelas en todos los países donde proporcionamos las comidas de Mary’s Meals y por primera vez en la historia parecía casi imposible encontrar un camino para continuar con nuestra misión. Me encontré pensando en los diversos niños que conozco que comen las comidas de Mary’s Meals y que ahora no tendrían. Si bien se podía entender por qué a esos niños se les negaba temporalmente su educación por el bien de su nación, era imposible aceptar la idea de que también se les negara su comida diaria. Especialmente porque para muchos de ellos eso es lo que es Mary's Meals - su comida diaria - a menudo representa una proporción muy grande de lo que comen.

 Esa sensación desconocida de impotencia y desesperación muy rápidamente comenzó a cambiar. En primer lugar, porque vosotros, queridos colaboradores, nunca estáis dispuestos a aceptar tal situación. Rodeado de personas decididas a encontrar una solución - y por muchas voces alzadas en oración ardiente (esta es al menos una manera de participar en esta misión que nunca se nos puede quitar) - era imposible tener cualquier sentimiento serio de desesperación.

 Y ahora, una semana después, me siento muy diferente. Mucho antes, de lo que nos podríamos haber atrevido a esperar, se están encontrando soluciones. En Turkana, al norte de Kenia, donde los niños, entre los más pobres del mundo, dependen especialmente de nuestra comida diaria, nuestro equipo infatigable ya ha asegurado un camino hacia adelante. En consulta con el Ministerio de Salud y el Ministerio de Educación han establecido una manera de que nuestros alimentos sean llevados a los niños a sus propios hogares. Esta nueva iniciativa comenzará muy pronto. Mientras tanto, todos nuestros otros equipos de programas están en conversaciones con líderes comunitarios y departamentos gubernamentales para que se puedan encontrar soluciones y nuestra promesa pueda cumplirse. No puedo decir que en todos los casos esto sucederá a corto plazo - hay muchos factores a considerar y algunos de ellos están fuera de nuestro control -, pero ciertamente puedo prometer que con toda nuestra fuerza lo estamos intentando. Y espero que los futuros correos electrónicos dominicales contengan más buenas noticias como las que estamos escuchando de Turkana.

 Pero, por supuesto, esa buena noticia sólo puede sostenerse si todos los otros pequeños actos de amor continúan. Más que nunca, tenemos que recordar a la gente las necesidades de esos pequeños en lugares lejanos y suplicarles, a pesar de sus propias dificultades, que no los olviden.

 Agradezco a cada uno de vosotros vuestra fidelidad. En medio de las propias dificultades y ansiedades personales, habéis permanecido enfocados en el niño hambriento y nuestra promesa hacia ellos. Sois maravillosos y me siento profundamente privilegiado de poder llamarme compañero vuestro.

 Que vosotros y vuestros seres queridos permanezcáis a salvo esta semana.

 Dios os bendiga

Magnus