Abr 26, 2020

Queridos amigos:

¡Esta semana ha terminado maravillosamente! ¡El gobierno de Malawi ha aprobado un plan cuidadosamente diseñado para que podamos proporcionar alimentos en casa, a los millones de niños de nuestro programa en Malawi, mientras que las escuelas estén cerradas! A lo largo y ancho de Malawi, en más de 3000 aldeas, los voluntarios de la comunidad comenzarán a organizar la distribución de nuestra comida, invitando a los padres a que vengan a recoger para sus hijos, las raciones equivalentes a una comida al día en el hogar.

Y como si esas no fueran suficientes buenas noticias para una semana, también podemos confirmar que podemos llegar a muchos más miles de niños en nuestros programas de manera similar, en otros países como Haití y Zambia. En circunstancias extraordinariamente difíciles, continuamos encontrando nuevas formas de cumplir nuestra promesa de una comida diaria para los niños más pobres del mundo.

Y esa promesa es más importante que nunca frente a las proyecciones cada vez más drásticas sobre el impacto que esta pandemia podría tener en las naciones más pobres del mundo durante 2020. Los expertos ahora predicen que la cantidad de personas que sufren hambre aguda, aquellas que necesitan ayuda alimentaria para sobrevivir,es probable que se duplique este año a más de un cuarto de mil millones de personas. Los países en los que trabajamos se encuentran entre los que se prevé que sufrirán más. Haití, Zimbabwe, Etiopía y Sudán del Sur figuran entre los diez peores.

Por lo tanto, nos encontramos en el centro de esta batalla contra el impacto global de esta pandemia; en las comunidades donde viven las personas más vulnerables del mundo y con los medios para proporcionar lo más crucial: comida diaria para los niños.

Y estas necesidades que estamos tratando de satisfacer no son solo números y estadísticas, representan el sufrimiento de personas reales. Son niños que hemos conocido y con quienes hemos hablado sobre sus vidas y sus sueños. Son los niños sobre los que has leído y visto sonriendo en fotografías. Y lamentablemente, el sufrimiento causado por esta pandemia no solo es algo predicho para el futuro, sino que, hoy en día, ya está acechando a los barrios bajos de la India, donde nuestros socios nos dicen que nunca antes habían visto un hambre y una desesperación como esta (y ya han visto más que su parte justa de eso), y pueblos que conocemos en África, donde personas desesperadamente pobres ahora no pueden viajar para realizar trabajos ocasionales con el fin de mantener a sus familias.

Y así seguimos adelante, sabiendo que nuestro deseo de ver a cada niño alimentado todos los días todavía se puede realizar, gracias a nuestros heroicos trabajadores y voluntarios en Malawi, Zambia, Haití, Kenia, y en muchos otros países también, personas que han trabajado sin descanso desde que cerraron las escuelas para encontrar una manera para que cumplamos nuestras promesas. Espero que todos nos sintamos más privilegiados que nunca ser parte de esta familia de Mary’s Meals. Yo ciertamente lo hago.

Pero encontrar formas de entregar la comida es, por supuesto, solo una parte del cumplimiento de nuestra promesa. La otra parte, como siempre, depende de que recabemos los fondos que necesitamos para comprar esa comida. Y en este momento, eso no es fácil.

Y así, os agradezco a cada uno que, al igual que nuestro personal y voluntarios en los países del programa, estáis buscando incansablemente nuevas formas de hacerlo. Gracias por continuar cada día invitando a nuevas personas a nuestra misión. Gracias por tu fidelidad a este trabajo y los niños que servimos. También estoy profundamente conmovido por ti, por tu fidelidad y por tu amor.

¡Agradezco a Dios por cada uno de ese millón de niños en Malawi, y por todos los que estamos comenzando a alcanzar en otros países! Y rezo para que cada uno de ellos crezca sano y fuerte y qué en los mejores tiempos por venir, puedan ver sus propios sueños realizados y que algún día, tal vez incluso les cuenten a sus propios hijos el recuerdo de la pandemia y de la infancia, cierres de escuelas y esas maravillosas raciones de comida, enviadas con amor por desconocidos amables que nunca conocieron.

Dios os bendiga

Magnus